Carmela Hernández no suele salir de casa los domingos. Prefiere quedarse viendo alguna serie, preparando comida para la semana, lavando la ropa, limpiando un poco. En eso estaba el pasado domingo 25 de octubre. Acababa de despertar de una siesta cuando, haciendo scroll en su celular, vio la noticia del día: «María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz, ha vuelto a Venezuela».
—¡Mierda —soltó Carmela—, yo pensé que no la iban a dejar entrar nunca!
No se despegó de la pantalla; saltó de una red social a otra, atenta a los detalles que se iban conociendo: Machado había entrado al país desde Cúcuta, en la frontera con Colombia; había aparecido en la iglesia de la Divina Pastora, en Barquisimeto, y ahora venía por carretera desde esa ciudad del occidente del país hasta Caracas, la capital. Encaramada en un carro, hacía paradas de tanto en tanto para saludar, para recibir de la gente rosarios que se iba colgando en el cuello. El retorno devino en procesión.
Carmela tiene 30 años, estudió sociología, y trabaja en una consultora de marketing:
—Desde las elecciones presidenciales de 2024 no veía esa euforia.
Llevada por esa emoción que veía en las redes, decidió acercarse: supo que, en algún punto de la tarde, la líder opositora haría una parada en uno de los principales accesos a la gran ciudad.
Se vistió con la camiseta de la vinotinto —la selección nacional de fútbol venezolana—, jeans azules y tenis deportivos; sacó de su armario una bandera, y se fue para allá. Allí estuvo hasta que, muy tarde en la noche, la vio pasar y le gritó: «Bienvenida, María, coño, por fin».
—Me pareció impresionante, es como si de pronto la calle que estaba dormida hubiese despertado para decirle a Delcy Rodríguez y a Donald Trump: «Aquí estamos».
El país al que vuelve María Corina Machado es uno muy distinto al que dejó hace más de 10 meses cuando —tras permanecer en clandestinidad desde los comicios presidenciales de 2024, de los cuales Nicolás Maduro se autoproclamó ganador— logró salir para recoger el Premio Nobel de la Paz otorgado «por su labor en la defensa de los derechos democráticos y la búsqueda de una transición en Venezuela».
El acontecer nacional ha sido trepidante. Ha pasado de todo en su ausencia. Hay pasajes en esta historia que parecen sacados de un guion de ficción.


A comienzos de enero de 2026, fuerzas militares de Estados Unidos llevaron a cabo una operación militar con bombardeos e incursiones aéreas en Caracas y zonas costeras que derivó en la captura y captura a aquel país del gobernante Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Donald Trump estableció un gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, hasta entonces vicepresidenta de Maduro.
Machado se mantuvo en el exilio, recorriendo distintos foros internacionales, e insistiendo en que esperaba el momento oportuno para volver. A partir de junio último —cuando dos terremotos de 7.5 y 7.2 grados de magnitud dejaron centenares de muertos y heridos sobre todo en Caracas y La Guaira—, comenzó a insistir aún más en la necesidad de su regreso. Vente Venezuela, el partido político de la líder opositora, ha asegurado que había hecho hasta siete intentos de ingresar al país; todos frustrados, sin que se conozcan aún las razones. Tampoco se sabe las condiciones en que, finalmente, lo consiguió.
«Aquí estoy. Con ustedes», publicó el domingo en su cuenta de X, al tiempo que comenzaron a circular imágenes suyas durante una misa del santuario de la Divina Pastora.

Regresa en un contexto no menos tenso. Dinorah Figuera —diputada de la bancada que ganó la mayoría del Parlamento en 2015, pero que fue desconocida por Maduro— también volvió a territorio venezolano, luego de ocho años exiliada en España, para sentarse en una mesa de diálogo con el actual gobierno interino.
El analista político Oswaldo Ramírez, director de la firma local ORC Consultores, sostiene que el furor que produjo la llegada se corresponde con el respaldo popular que, a pesar de la distancia, ha mantenido Machado, sin dudas la figura más popular entre la oposición: «Tiene al menos 60 por ciento de confianza. Al menos en nuestra última encuesta, que terminó el campo el 10 de octubre. [En] más de 1 127 muestras, la confianza en ella sigue siendo bastante alta y sigue manteniendo [un] capital político significativo».
Pero en la política a veces no basta con ser profeta en la propia tierra: expertos consideran que Machado, a quien evidentemente han querido mantener al margen de las negociaciones en curso sobre el futuro de Venezuela, debe hacer cuanto pueda por meterse en el terreno: «Debe reforzar la petición de un cronograma electoral, el nombramiento del CNE [Consejo Nacional Electoral] y la convocatoria a elecciones libres, tan pronto como sea posible, y los venezolanos la acompañarán en ese petitorio», sostiene Carmen Beatriz Fernández, doctora en Comunicación Pública y profesora de la Universidad de Navarra, en España.

Rodríguez coincide con ella al enumerar los retos que tiene enfrente la líder opositora, y al mismo tiempo se atiene a una especie de realismo político según el cual el destino inmediato de la nación sudamericana depende, a todas luces, de Washington: «Volver a recorrer el país, volver a tomarle el pulso a ese tejido social; tender puentes con muchos sectores, y avanzar en la medida que Estados Unidos entiende […] debe ser la velocidad que deben ocurrir las cosas en Venezuela».
—Todo está por verse —resume así la situación política, la incertidumbre íntima Carmela Hernández, la ciudadana caraqueña, socióloga y consultora de marketing que acudió al recibimiento de María Corina Machado—. Lo que está claro es que la gente no es tonta, que no se puede hacer política sin pensar en lo que la gente quiere. Quiero pensar que hay que tener paciencia. Si esta fuera una serie de televisión, es como si estuviera comenzando una nueva temporada.
La entrada María Corina Machado retorna a Venezuela, pero no basta con ser profeta en su tierra aparece primero en El Estornudo.
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Author: Erick Lezama
