Quienes residimos en La Habana y nos dedicamos al fotoperiodismo, la fotografía callejera o documental elegimos a menudo dos municipios adyacentes de mayoría negra o mestiza para nuestros recorridos: La Habana Vieja y el muy parecido, pero más destruido, Centro Habana.
Lejos de cualquier tema racial, creo que las razones para escoger esas zonas para salir a hacer fotos de todo cuanto nos parezca interesante son las siguientes: calles estrechas, mucho movimiento y dinamismo, alta densidad de población y abundancia de elementos visuales supuestamente representativos de Cuba, tales como almendrones, santeros o arquitectura colonial en mal estado.
En cualquier otro barrio de La Habana, un fotógrafo va a tardar el triple de tiempo y va a regresar con la mitad de imágenes que de un recorrido Centro Habana o La Habana Vieja.


No creo que exista algo así como una intención o una política editorial transversal a todos los medios de prensa cubanos, oficialistas e independientes, que busque sobrerrepresentar a la población afrodescendiente, tal como me sugirió alguna vez un amigo que reflexionaba sobre las portadas de noticias sobre la actualidad en la isla.

Si a lo explicado antes sumamos que la prensa en Cuba, nacional y extranjera, está concentrada en La Habana, tenemos como resultado el predominio de esas imágenes que pretenden ser representativas de un país, pero que solo corresponden a algunos barrios de su capital.



Por supuesto, el centralismo habanero ha generado una perspectiva distorsionada sobre lo que es Cuba —en particular hacia el extranjero, pero también entre los propios cubanos.

Últimamente, parte del problema han sido también los youtubers que arriban a la isla. En la mayoría de los casos no salen de los barrios de siempre y cierran sus videos diciendo: «Esto es Cuba, señores». Ni siquiera la propia ciudad de La Habana se puede reducir a Centro Habana y La Habana Vieja. Qué decir del resto del país.


Cuba ha tocado fondo, pero, en mi opinión, la mayoría de las ciudades y los pueblos del interior no están tan destruidos como La Habana, ni el cubano promedio es la caricatura marginal que hoy vemos en El rancho de Destino.


Existen muchas formas de ser cubano y la mayoría no encajan en los estereotipos que abunda en los medios y las redes sociales.

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Author: Marcel Villa
