Hoy, al llegarme una invitación, desde Holanda, para el Festival de Salsa que antes se celebraba en Santiago y ahora será en La Habana, me ha venido al recuerdo todo lo que Santiago de Cuba ofrecía hace unos años a sus habitantes, y visitantes, llevándola a ser referencia cultural del Caribe en el mundo. Lo que fue, lo que tuvo. Fue y tuvo, dos pretéritos, que antes eran indefinidos, y ahora son perfectos, según la gramática del español.
Hoy Santiago se ha convertido en la ciudad del «fue» o del «tuvo» por la inacción directa de sus gestores culturales, siempre a la orden de La Habana.
Para nada sirve recordar que un día Santiago tuvo un Canal de televisión propio que dinamizaba su vida cultural, ni que tuvo un Festival de Trova Internacional al que venían los mas grandes trovadores de Cuba, ni que tuvo un Festival de Son Internacional, ni que tuvo un Festival de Boleros Internacional, ni que tuvo un Festival de Coros Internacional con presencia de grandes formaciones corales, ni que tuvo un show «Del Caribe mi Santiago» en Tropicana Santiago que en nada envidiaba al de La Habana, ni que tuvo, tuvo y tuvo… así hoy la ciudad del «tuvo» ha perdido hasta el Festival de la Salsa que organizaban desde Holanda Dance4Two y traía a Santiago a mas de 100 aficionados al baile todos los años que ahora viajan hasta La Habana por falta de colaboración en Santiago.
Y mientras todo esto pasa, tres quijotes tratan de mantener las ruinas del pasado y ofertar nuevas opciones. Vaillant intenta anualmente sacar adelante dos «festivalitos locales» de Bolero y Son, Omar López impulsa el proyecto «SonEros» y Campin lucha por mantener el título de Ciudad Creativa al igual que Don Alonso de Quijano luchó contra los molinos… pero por desgracia, como Vaillant reclamara en la presentación del pasado Festival Santiago Creativo, poco crea Santiago en este momento, mas bien se mantiene a duras mirando a su pasado glorioso… renunciando y poniendo zancadillas a ideas, externas o internas, que alteren la plácida y lánguida vida que vive el sector cultural de la ciudad que ve como sus mejores hijos migran a La Habana o el mundo… y no solo por razones económicas, sino tambien por una pazguata política cultural, mediocre y antojadiza donde la divulgación ha desaparecido y el impulso y estímulo a la creación hiberna hasta en verano, con honrosas excepciones como la labor que se intenta seguir desarrollando en Café Dranguet o en La Casa del Caribe, nunca se puede generalizar y nunca lo haré… solo nos queda la esperanza.
